
El 22 de mayo de 2021, se abre una fisura en el flanco sur del Nyiragongo, a unos diez kilómetros al norte de Goma. La lava avanza hacia la ciudad, capital de la provincia de Kivu del Norte en la República Democrática del Congo. La erupción sorprende a la población a principios de la noche, sin que se haya emitido ninguna alerta oficial. En los días siguientes, los terremotos repetidos agravan la pánico y complican la evacuación de cientos de miles de personas.
Fisura lateral del Nyiragongo: un mecanismo difícil de anticipar
La mayoría de los escenarios de monitoreo volcánico se basan en la detección de un ascenso de magma a través del conducto central, bajo el cráter somital. La erupción de 2021 no siguió este patrón. La lava emergió de una fisura en el flanco sur del volcán, un mecanismo lateral que los instrumentos disponibles no pudieron detectar a tiempo.
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Un estudio publicado en Nature por un equipo internacional de investigadores concluyó que esta erupción no podía ser predicha con los datos disponibles. El Observatorio Volcanológico de Goma (OVG), que normalmente asegura la vigilancia del Nyiragongo, había estado sin acceso a internet durante varios meses. Sin transmisión de datos en tiempo real, el análisis de las señales precursoras, incluso débiles, se volvió imposible.
Este caso plantea una cuestión que va más allá del Nyiragongo: cuando un volcán activo puede producir una erupción sin señales precursoras claras, la preparación civil se convierte en la última red de seguridad. Para entender en detalle la erupción del volcán Nyiragongo en Congo, es necesario mirar más allá de la geología y examinar lo que falló en la cadena humana.
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Sistema de alerta en Goma: los fallos de mayo de 2021
La ausencia de alerta no es solo un problema técnico. Es el resultado de una acumulación de fallos que, tomados por separado, parecían manejables, pero que combinados dejaron a la población sin información fiable en el momento crítico.
- El OVG funcionaba sin conexión a internet desde aproximadamente siete meses antes de la erupción, lo que le impedía transmitir y analizar los datos sísmicos en tiempo real.
- La comunicación oficial fue calificada de caótica por varios observadores: las instrucciones de evacuación llegaron tarde, y la radio-televisión nacional congoleña (RTNC) no transmitió la información en las primeras horas.
- Una auditoría del dispositivo de vigilancia, anunciada tras la erupción anterior de 2002, nunca se había llevado a cabo según fuentes locales.
- Los habitantes iniciaron en gran medida su propia evacuación, provocando movimientos de multitudes hacia la frontera con Ruanda y las ciudades de Sake y Bukavu, con accidentes mortales relacionados con la pánico.
Según un balance provisional del gobierno congoleño, la lava afectó al menos a 17 aldeas. La Cruz Roja de la RDC reportó la destrucción de aproximadamente 2,400 edificios residenciales y la muerte de 32 personas. Alrededor de 450,000 personas fueron evacuadas en los días siguientes a la erupción.
Una sismicidad persistente tras el flujo de lava
La erupción en sí duró solo unas pocas horas, pero la crisis sísmica que siguió prolongó la emergencia durante varios días. Se registraron terremotos de hasta 5.1 de magnitud, algunos provenientes de la zona del lago Kivu. El gobierno anunció entonces que datos de sismicidad y deformación del suelo indicaban la presencia de magma bajo la zona urbana de Goma, manteniendo un alto riesgo de nueva erupción.
Se produjeron fisuras en varios barrios de la ciudad, incluyendo Majengo, Mabanga Norte y Sur, Bujovu y Murara. Esta secuencia hizo que la decisión de retorno fuera particularmente delicada para las familias desplazadas.
Crisis humanitaria tras la erupción del Nyiragongo: más allá de los daños inmediatos
Dos meses después de la erupción, la situación seguía siendo crítica para miles de familias. Los flujos de lava habían devastado campos agrícolas y viviendas en la ciudad de Goma y el territorio de Nyiragongo. La mayoría de los desplazados regresaron a sus barrios, pero muchos aún vivían en sitios improvisados o en casas de acogida.
UNICEF documentó la destrucción de más de 3,500 casas, 7 escuelas y 4 centros de salud. Casi 200,000 personas se quedaron sin acceso a agua potable tras la destrucción del principal reservorio de la ciudad. Alrededor de 234,000 personas fueron desplazadas en los días siguientes a la erupción, principalmente hacia Sake, Minova y Rutshuru.
Vulnerabilidad prolongada de las poblaciones desplazadas
Los retornos de campo del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en las zonas de Mujoga y Mugerwa describen condiciones precarias persistentes. Varias escuelas destruidas no habían sido reconstruidas, dejando a los maestros sin ingresos y a los niños sin acceso a la educación. Las necesidades duraderas incluían refugio, agua, salud y protección de los niños separados de sus familiares.

Esta crisis humanitaria prolongada ilustra un patrón recurrente: el regreso de los desplazados no significa el fin de la vulnerabilidad. Sin infraestructura básica reconstruida, las familias que regresaron viven en condiciones a veces peores que antes de la erupción, en terrenos debilitados por las fisuras y la sismicidad residual.
Preparar Goma para la próxima erupción del Nyiragongo
La reconstrucción del lago de lava en la cima del Nyiragongo o el regreso a una actividad aparentemente tranquila no eliminan el riesgo de una nueva fisura lateral. Las fuentes volcanológicas recientes subrayan que el “regreso a la normalidad” sigue siendo un concepto engañoso para este tipo de volcán.
El problema central ya no es la comprensión geológica del Nyiragongo, relativamente bien documentada. Es la capacidad operativa de transformar un dato científico en acción concreta en el terreno: transmisión de alerta, difusión de información, evacuación ordenada, atención a los desplazados a largo plazo.
Restaurar una vigilancia continua del OVG, con una conexión fiable y protocolos de comunicación probados regularmente, constituye el mínimo. Los datos disponibles no permiten concluir que estas lagunas se hayan subsanado desde 2021. La ciudad de Goma sigue creciendo a los pies de un volcán que ha demostrado su capacidad de entrar en erupción sin previo aviso aprovechable, en una región de Kivu del Norte ya marcada por décadas de conflicto e inestabilidad.